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¿Podemos traer “Deep Tech” a PrivacyTech?

Pocas cosas son tan gratificantes en el ámbito del desarrollo de SaaS B2B como elevar el listón del estado de la ciencia, sin menospreciar la profesional aplicación de tecnologías y soluciones probadas a escenarios, contenidos, y flujos de trabajo novedosos.

Habiendo observado el espacio competitivo de PrivacyTech durante un par de años (principalmente centrado en el ecosistema de acompañamiento promocional a la IAPP o International Association of Privacy Professionals), espero no pecar de soberbio al considerar que no se ha producido aún aportación alguna en términos de “breakthrough” tecnológico, por mucho que quepa siempre aplaudir un trabajo metódico de definición de procesos multidisciplinares y gestión de calidad. El buen código sigue siendo, al fin y al cabo, un tesoro escaso perfectamente digno de constituir un objetivo en sí mismo.

Siempre limitado a la observación externa (y con ese caveat), parece que las mayores aportaciones de una digitalización de procesos otrora manuales ha tenido lugar en la asistencia a Data Protection Officers (DPOs) para auditar y monitorizar las diversas actividades de la empresa con relación al tratamiento de datos personales. Esto ha terminado desembocando en varias “suites”, todas ellas incorporando un elenco similar de propuestas: gestión de PIAs (Privacy Impact Assessment), gestión de solicitudes individuales (workflow en ejercicio de derechos), monitorización de proveedores (encargados o responsables del tratamiento), documentación gráfica de flujos de datos (Data Flow Mapping), gestión de consentimiento en entornos digitales (Consent Management Platforms) y gestión de violaciones de seguridad.

En paralelo han surgido propuestas aisladas relativamente más avanzadas para la anonimización de registros o el rastreo de datos personales (identificativos o seudónimos).

Personalmente percibo una cierta vuelta al año 2008 en imitación a fórmulas otrora muy efectivas en la digitalización de departamentos de ventas o marketing, algo así como una repesca tecnológica para equipos legales o de compliance, incapaces ya de esquivar el bulto digital.

Más aún: las “suites” mejor financiadas del actual mercado PrivacyTech parecen haber imitado incluso las estructuras comerciales de los primeros SaaS enterprise, famosamente documentadas en la biblia que en su día constituyó Predictable Revenue (Aaron Ross, 2011) y en años recientes probada ya inofensiva en su caladero de pesca original. Es al fin y al cabo muy posible que un DPO descuelgue el teléfono a la llamada en frío de un “Inside Sales Rep” al tiempo que un CMO (Chief Marketing Officer) se haya inmunizado por completo frente a ellas.

Semejante lógica llevaría a concluir que no resulta necesaria innovación real alguna en términos de gestión de datos a gran escala, inteligencia artificial, IoT o blockchain. Del mismo modo que no lo es cuando una tecnología probada en mercados geográficos más maduros se extiende a otros países.

Distinta cosa será la capacidad de retención de talento que una empresa de desarrollo de software puede tener en estos tiempos sin abrir un espacio novedoso de exploración y aprendizaje para las mentes más inquietas – con frecuencia las más brillantes.

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