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Novedades, ideas y reflexiones varias.

Medición digital. El mundo al revés

Durante años hemos estado desafiando a la lógica en el aprovechamiento de datos (personales o no) procedentes de activos digitales.

La prerrogativa más habitual desde un departamento a cargo de Big Data o Analytics ha seguido más o menos este patrón, incluso después de múltiples recordatorios externos para “empezar definiendo objetivos”:

  • Quiero medir todo lo que sea medible, recabar todo lo que sea posible, almacenar la información durante tanto tiempo como permita la tecnología, e integrarla o “de-duplicarla” sin limitaciones.
  • La “activación” o puesta en valor de dichos datos corresponde a un proyecto ulterior que será definido cuando llegue el momento.

Por supuesto, el momento de activación llegó tarde y en pequeñas dosis para unos pocos afortunados. La mayor parte de empresas siguen atascadas en el bucle de la recolección infinita. Activos digitales y equipos van y vienen, y con ellos sus errores, aciertos y decisiones.

Muchos responsables de datos o marketing se rasgan ahora las vestiduras maldiciendo el momento en que no hicieron una pausa para la reflexión a largo plazo, definiendo claramente lo que podía optimizarse, medirse, integrarse… Pero hete aquí que ha venido la ley al rescate (al menos en lo referido a datos seudónimos e identificativos, cada vez la mayor parte) por la vía coercitiva, que viene ser la rápida.

A tenor de los pilares fundamentales del GDPR/RGPD:

  • No podemos recabar datos que no sean estrictamente necesarios para los propósitos declarados (minimización en el recabado)
  • No podemos conservar dichos datos durante más tiempo del exigido por dichos propósitos
  • Deberíamos anunciar tales cometidos de forma previa a su recolección (deber de información), así como la base legal en que deseamos ampararnos
  • En caso de aspirar a ampararnos en el consentimiento (una de las 6 bases legales disponibles), los umbrales de su validez podrían condicionar la morfología de los activos digitales objeto de optimización.

En definitiva, vuelta al sentido común: Toca planificar primero y medir después.

Otra cosa será que siga o no teniendo sentido el acto de medición en sí mismo, desde la empresa (sujeto activo) hacia el individuo (sujeto pasivo). Asunto para otro día.

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