Skip to content

BLOG

Novedades, ideas y reflexiones varias.

El problema con Apple y la privacidad

¿Te imaginas tener que pedir permiso a una empresa privada antes de publicar una web, y que sea dicha empresa quien decida, desde la otra punta del planeta, si tu política de privacidad es aceptable, con independencia de lo que diga la ley de tu país? Imagínate ahora además que dicha empresa compite en el mismo espacio que arbitra.

Esto es lo que pasa con Apple y su App Store (también con Google y su Android Play Store, en menor medida) en el aún más vital entorno móvil «nativo», sumándose el problema de que, como todo negocio legítimo, no vive del aire. En el caso del App Store, esto provoca el análisis detallado del propio modelo de negocio de cada app candidata a publicación, con el prejuicio asentado de que se imponen tres fórmulas principales: suscripciones (pago anual), pagos incrementales (compras internas opcionales) y publicidad (en escenarios “freemium” alternada con pagos incrementales). Esta categorización determina el pellizco retenido por la plataforma.

Con la empresa volcada a un incremento sensible de la facturación por servicios (véanse recientes presentaciones a inversores), dicha estrategia global respira por cada poro, y tiene impacto en niveles de escrutinio y recursos asignados a las diferentes casuísticas.

Resulta además que, con la ventaja que aporta una mucho menor dependencia en datos de usuario (habiendo abandonado en su día el negocio publicitario), la empresa ha aprovechado hábilmente los errores de terceros para postular la privacidad como valor añadido de sus dispositivos. Siendo esto muy bienvenido (como usuario), parece a todas luces evidente que una vez erigido en “funcionalidad diferencial”, todo servicio prestado por terceros garantizando valor similar tiene un impacto dilutivo sobre la propuesta propia, generando un interesante conflicto de intereses.

No es gran novedad la forma en que el App Store ha defenestrado rápidamente servicios alternativos (o precursores) a funcionalidades ahora primarias en el ecosistema de Apple, con los ejemplos recientes de aquellas que asistían al usuario a controlar su adicción al propio teléfono (toda vez que iPhone facilita ya de serie datos propios sobre tiempo pasado en cada tipo de servicio) u otras destinadas a la gestión parental de dispositivos familiares.

No resulta difícil predecir que suceda algo parecido en el ámbito de la privacidad.

Si bien fue Spotify la primera empresa en hacer sonar la alarma y reclamar la intervención de la autoridad de la competencia antes los evidentes riesgos de aceptar el monopolio efectivo sobre una plataforma global, se suman en semanas recientes actuaciones a ambos lados del Atlántico.

A pesar de todo ello, el gigante no renuncia a hacer equilibrios sobre la línea roja, como recientemente pudimos apreciar con su último desafío a sistemas de registro único (o “Single Sign On”): Sign-in with Apple. A partir de ahora, cualquier aplicación que incorpore un sistema de gestión centralizada de identidad (de gran ayuda para evitar pasar datos a cada aplicación individual) deberá además añadir el propio del fabricante/plataforma.

Una vez más, muy bienvenido a corto plazo, pero de preocupantes consecuencias.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin