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Novedades, ideas y reflexiones varias.

Cookies y seguridad jurídica

Llevamos meses hablando de esto, con frecuencia predicando en el desierto. Respetando mucho al equipo de la Agencia Española de Protección de Datos, para cuando ésta vino a reiterar en 2018 que la mera navegación permite satisfacer el artículo 22.2 de la LSSI con respecto a cookies (previa inclusión de la información necesaria en sus diferentes capas) ya estaba bastante claro que el RGPD/GDPR iba en otra dirección por su redefinición de umbrales de consentimiento válido (art. 4.11 y otros). Así quedó además expuesto en las directrices sobre el consentimiento publicadas por el Comité Europeo de Protección de Datos (EDPB). 

Siendo loable el esfuerzo que la AEPD ha hecho siempre para evitar interferir con el “avance digital” del mercado, la pérdida de seguridad jurídica que se origina en situaciones de tan evidente contradicción produce el efecto opuesto. Si a esto se suma la tendencia de la mayor parte de actores en dicho mercado a no entender límite alguno en ausencia de advertencias o sanciones (posiblemente acentuada en el caso de España), nos encontramos de pronto todos con una especie de Calle Mayor plagada de semáforos que nadie respeta, acentuándose esta indolencia por el contagio colectivo de su desprecio flagrante y público. 

Esta contradicción parece de todos modos tocar a su fin, después de que tanto la ICO británica como la CNIL francesa publicaran firmes posicionamientos en semanas recientes sobre cookies y consentimiento. Ambas autoridades supervisoras dejan claro que en ningún caso resultará el mero “acto de seguir navegando” constitutivo de consentimiento. Más aún, las actuaciones en este ámbito forman parte de la agenda declarada de la ICO (la CNIL ha concedido un nuevo periodo de gracia de 12 meses). 

En concreto: 

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